El Observatorio Universitario de Buenos Aires (OUBA) de la Facultad, presentó su vigésimo noveno informe: «La derecha sale del closet. Ataques a feminismos e ideología de género como ‘batalla cultural'».
La ultraderecha, con su estética y retórica de lo «viril» y con sus promesas de regreso a unos privilegios supuestamente perdidos -o amenazados- de la masculinidad emplea el ecosistema digital, con sus influencers, trolls, fakes y discursos de odio y viraliza estos mensajes con «datos» irrefutables como posturas de rebeldía frente al orden establecido: en rigor, reafirman jerarquías preexistentes en una violenta ola de revancha y restauración conservadora ligada a un proyecto de dominación política, económica y social.
El informe permite reflexionar sobre el mundo de los varones de derecha en estos tiempos tan complicados en nuestro país y otros del continente.
Partimos que dentro del discurso de las ultraderechas se habla de una “masculinidad en crisis” Si bien esto es cierto las causas son múltiples pero el gobierno de Javier Milei se empeña en culpar a los movimientos feministas, a sus conquistas y a la visibilización de los privilegios milenarios de los varones en este sistema patriarcal.
Utilizando la violencia y la crueldad, herramientas claves de la derecha instauran una idea de revancha contra mujeres y diversidades.
Las derechas construyen una narrativa victimista masculina que afirma que ‘el varón está siendo perseguido’, cuando en realidad lo que ocurre es que se lo llama a revisar sus privilegios.
Y esto tiene lugar a través de usos estratégicos de redes sociales y formatos de comunicación digital ‘pop’, que las ultraderechas globales han aprendido a utilizar con muchísima más destreza que otros sectores políticos. Influencers libertarios, youtubers y tuiteros afines a lo que ahora es el oficialismo argentino han convertido en espectáculo la misoginia, el odio al universo de conocimiento y activismo que denominan despectivamente ‘woke’”.
Los feminismos son plurales por definición, no están alineados con partidos políticos particulares, sino que tienen todas las ventajas y desventajas de conformar un movimiento amplio, transversal y heterogéneo con sus propias disputas internas.
Enfrente, la ultraderecha, con su estética y retórica de lo “viril” y con sus promesas de regreso a unos privilegios supuestamente perdidos -o amenazados- de la masculinidad, propone un horizonte de futuro. Al fin y al cabo, la promesa de regresión no deja de ser una promesa y sobre eso trabaja como se hace con otras expectativas sociales y políticas a futuro.
Parte del progresismo ha privilegiado un lenguaje que por momentos se torna muy académico, otras veces moralizante y que lo distancia de sectores populares. Mientras tanto, las derechas aprendieron a hablar con furia, con humor, con “memes”, y lograron conectar emocionalmente con sectores más jóvenes que los que hasta el momento habían sido sus bases electorales más fuertes.
El informe asegura que “Hay que reconocer la existencia de una suerte de caldo de cultivo sobre el cual se asentó y creció esta política del odio neofascista y de revancha patriarcal: el malestar generado por las promesas incumplidas de gobiernos progresistas, el daño subjetivo que provocó la pandemia y el confinamiento, el modo en el que una inflación descontrolada exacerbó posiciones conservadoras.
En el informe también se analiza al presidente Milei como un presidente sin convicciones democráticas.
De hecho, es casi imposible rastrear
alguna declaración en la que valore la democracia positivamente. El odio va especialmente dirigido al periodismo, figuras de la cultura y otras figuras de cierta visibilidad pública a las que se percibe como no oficialistas. La forma de los ataques suele ser sexualizada e involucra expresiones homofóbicas o misóginas.
Una de las que más recurrentes es la que combina la animalización con referencias a la penetración anal: la referencia a los “mandriles”, en forma de insultos, animaciones y memes.
La “broma” gira siempre alrededor de una idea que parece obsesionar a las masculinidades libertarias -aunque no exclusivamente y es algo que debemos plantearnos como sociedad-: ganar una discusión o las elecciones es equivalente a someter al contrincante por vía anal, lo que últimamente el Presidente hasta graficó con el uso de títeres al estilo “Plaza Sésamo” pero fachos.“Tristemente nos acostumbramos a escuchar al Presidente y sus ideólogos hablar de sus detractores como ‘culos rotos’, ‘mandriles’ o ‘penes cortos’. Estas metáforas que apelan a los genitales o al ano, reavivan una costumbre masculina que posiciona al ano lejos del placer y cerca de la humillación, y al tamaño del pene como símbolo de poder. En la discusión pública, frecuentemente se caracteriza estas expresiones como una muestra de masculinidad hegemónica y, a la vez, como resultado de una ‘crisis de masculinidad’. Sin embargo, el uso explícito del simbolismo genital y sexual, permite vislumbrar algunos elementos que responden más bien a una hipermasculinidad, que excede y desborda los consensos que requiere el proceso de hegemonía para legitimar la jerarquía masculina, de manera que sugerimos que opera más desde la imposición de una masculinidad vinculada a la dominación que a la hegemonía”, según los autores del informe.
La masculinidad neoliberal que Milei propone -productivista, meritocrática, individualista, sin red afectiva ni estatal- se articula con el ajuste económico y la destrucción de lo público. La idea del “hombre libre” se fusiona con una fantasía de autosuficiencia que culpa a la “feminización” del Estado de los males del presente. Las revisiones en torno a las desigualdades estructurales y violencias milenarias son leídas en clave de una corrección política que oprime. Detrás de esto hay una idea de bozal: que “Ya no se puede decir nada”. Una de nuestras mayores crispaciones
Se puede leer el informe completo en ouba@filo.uba.ar








