Ayer Gisèle Pelicot declaró ante un tribunal en Aviñón, en un macrojuicio donde se investiga a más de cincuenta hombres acusados de violarla en múltiples ocasiones mientras ella permanecía inconsciente.
Durante años, su exmarido, Dominique Pelicot, la drogaba y facilitaba que hombres la agredieran sexualmente, la mayoría de ellos reclutados en Internet.
Gisèle desde el principio de este juicio que comenzó el lunes ha acudido con la cara descubierta.
Según las palabras de la víctima, el juicio sería público para que este caso “sirva a una causa más grande y que ninguna mujer vuelva a sufrir una sumisión química”.Además expresó varias veces una frase que sintetiza su sentir “Quiero que la vergüenza cambie de bando”. En ese sentido su marido Dominque y los 50 hombres que fueron identificados y que están en el banquillo de los acusados, por el contrario tapan sus caras, se esconcen en sus cuellos y bajan sus miradas.

Dominique Pélicot durante casi 10 años entregó a su mujer para que otros hombres la violaran. A través de un chat de citas invitaba a otros hombres a violar a su mujer mientras él la drogaba, la dormía literalmente. Esto tiene un nombre además de violación, perversión, machismo recalcitrante, entre otros, se llama “sumisión química”: la administración de sustancias psicoativas a una persona sin su consentimiento o conocimiento, con fines delictivos.
El caso que está siendo juzgado se descubrió hace cuatro años en el 2020 cuando Dominique fue arrestado en un supermercado sacándole fotos a jovencitas por debajo de sus polleras.
Cuando los investigadores abrieron el el celular encontraron videos grabados entre 2011 y 2020 en donde aparece una mujer, que luego determinan que es la esposa- con quien llevaba casado casi 5 décadas- y madre de sus 3 hijos, siendo violada por diferentes atacantes mientras estaba dormida.

En las investigaciones se identificaron 83 atacantes y 92 violaciones.
Se pudo establecer que Dominique le daba en la cena unos medicamentos que la dopaban y luego la ofrecía a los violadores.
Los investigadores también encontraron en una memoria usb una carpeta llamada impunemente “abusos” en la que estaban los videos explícitos En los mismos equipos se encontraron conversaciones de cómo el hombre reclutaba a otros en una página de chat de citas
Imponía reglas eso sí, que la violaran pero que no la despertaran entonces exigía: no usar perfume; no fumar; no hacer ruido;calentar las manos para no despertarla;desvestirse fuera de la habitación para no olvidar ninguna ropa dentro.
Además de abusar de ellas también les ofrecía ver los videos de esas violaciones y todo esto sólo por su propio placer de perversión. Cabe aclarar, aunque esto no disminuye en nada su culpa que no la prostituía ni era su fiolo y hasta estaba “orgulloso” de su mujer. Él contó que de cada 10 hombres a los que les ofrecía violar a su esposa, solo 3 se negaban.
¿Qué tenían en común estos violadores? ¿Tenían un cartel en la frente? ¿Eran todos violentos en sus hogares? ¿Pertenecían a una clase social o a un grupo determinado? No. Había de todo, había algunos casos de hombres que tenían denuncia por violencia doméstica, pero otros, eran muy queridos por sus familias y vecinos. Entre los acusados hay bomberos, artesanos, enfermeros, guardiacárceles, periodistas, electricistas, solteros, divorciados, casados, no son enfermos, no son monstruos, no tienen patologías psicológicas importantes sí tienen, todos ellos un sentimiento de “omnipotencia” sobre el cuerpo femenino. O sea, se creen más. Nos creen menos. Nos califican como objetos.
En total son 51 hombres que fueron identificados de entre 26 y 74 años, entre ellos su marido y se enfrentan a 20 años de cárcel, 18 de ellos ya tienen prisión preventiva. La mayoría fue solo una vez al domicilio del principal acusado en la localidad de Mazan, en el sur de Francia. Diez fueron en varias ocasiones, hasta seis noches en algunos casos.
Algunos de ellos tratan, con la ayuda de abogados varones que los defienden de despegarse de los hechos asegurando que creían participar de una situación de libertinaje de la pareja en la que la mujer consensuaba “hacerse la dormida”
Respecto de Dominique no pudo más que confesar a través de sus abogados que sabía perfectamente lo que hacía aunque, una mujer Beatrice Zavarro que lo defiende, intenta bajar la pena por un lado mostrándolo arrepentido y avergonzado y asegurando que lo que hacía tenía una especie de “adicción”.

El panorama está muy complicado para Dominique, al que además se le encontraron fotos desnudas de su propia hija en la computadora porque, a partir de su detención, se cruzaron sus datos y AD con casos que tenía la Unidad judicial de casos sin resolver y también implicaron al acusado en otros dos hechos: un asesinato con violación en París en 1991, que él niega, y un intento de violación en 1999, que admite tras identificarse su ADN.
Ayer Gisèle Pelicot declaró en la causa. Aseguró que: “La policía me salvó la vida investigando el ordenador del señor P”
Ella está en las audiencias acompañada por sus tres hijos y se enteró de lo ocurrido cuando la policía le mostró las fotos de las violaciones de las que fue objeto. “En ese momento, tuve ganas de desaparecer, porque sabía que tenía que contarle a mis hijos que su padre estaba bajo custodia policial”, relató.
También volvió a manifestar el por qué quería un juicio público: “Hablo por todas estas mujeres que están drogadas y que no lo saben, lo hago en nombre de todas estas mujeres que quizás nunca lo sabrán […], para que ninguna mujer más tenga que soportar la sumisión “química”.
Durante casi cuatro horas, se enfrentó a sus agresores, al tribunal y al público, rebobinando de un tirón 50 años de relación. Pelicot, según los medios que pudieron acceder al juicio, rememoró su infancia, marcada por la lucha contra la muerte de su madre cuando tenía nueve años. Destacó que su padre, boxeador, no se rindió, y ella tampoco.
“Estoy inerte, en mi cama, y me están violando. Son escenas de barbarie. Mi mundo se está derrumbando, todo se está derrumbando, todo lo que he construido en cincuenta años. Francamente, para mí son escenas de terror “, describió Pelicot al tribunal en declaraciones recogidas por medios los franceses. En la sesión de este jueves, la víctima prefirió no volver a visualizarlas.
Gisèle Pélicot relata cómo, a pesar de la apariencia de fortaleza que proyecta hacia los demás, en su interior vive las secuelas de los abusos sufridos. “La fachada parece sólida, pero por dentro es un campo de ruinas, tendremos que reconstruir”, afirmó. Según explicó, ella intenta mantenerse firme por sus hijos, y la gente suele percibirla como una mujer fuerte.
Pélicot describió su vida amorosa con Dominique Pélicot como “clásica” en apariencia, sin señales evidentes de lo que luego descubriría. No obstante, al revisar su pasado, se da cuenta de algunos comportamientos que ahora interpreta de otra manera. Un ejemplo fue la propuesta de su exmarido de visitar un club de swingers, algo que en su momento no le dio mayor importancia. También nota cambios en los últimos dos años de la relación, mencionando que Dominique parecía preocupado y evitaba mirarla a los ojos durante los momentos íntimos. “Hoy me doy cuenta de todo eso en retrospectiva”, reflexionó, en unas declaraciones recogidas por 20 Minutes.
Además, Gisèle Pélicot recuerda cómo Dominique le tomaba fotos íntimas sin su consentimiento, en momentos como después de una ducha o en la piscina. Aunque sabía que esto la incomodaba, desconocía la magnitud de las imágenes recopiladas. Tras la separación, se descubrieron miles de archivos en el equipo informático de su exmarido.
La víctima recordó que las investigaciones de la policía lograron recabar el pasado psiquiátrico del exmarido, quien tuvo que presenciar una violación en un entorno familiar cuando tenía apenas 9 años.
Añadió también que el que fuera su marido trabajaba en una obra y fue víctima de una violación en grupo durante la cual sus compañeros le infligieron “novatadas”, agarrándolo para poner su cara en el sexo del víctima. “Tal vez deberíamos haberlo ayudado”, ha lamentado.
A pesar de encontrarse en medio del proceso para su separación, Pelicot afirmó que “hasta el final de este proceso, soy Madame Pélicot, por solidaridad con mis hijos que llevan este nombre. La mujer, de 71 años, aseguró que intenta reconstruirse “como puede”, sentenció: “Este juicio será para mí una página que definitivamente pasaré. Hoy empiezo de cero, salvo que solo me queda mi jubilación para vivir”.
Ella, que no era consciente de que su cuerpo «inerte» había estado siendo víctima de todo tipo de agresiones, jamás hubiera imaginado que las caídas de cabello, de peso, los problemas ginecológicos o las pérdidas de memoria que padecía desde hace años tenían que ver con un hecho tan monstruoso. Las sucesivas visitasa los profesionales de la salud no le dieron respuestas a lo que ahora encuentra en esta verdad aplastante.
El próximo 10 de septiembre declarará Dominique y se estima que el juicio se extenderá hasta los primeros días de diciembre.
Desde esta sección especial donde enviamos a la hoguera prácticas, hechos que no queremos que se repitan hoy hacemos un fuego grande
Hoguera para Dominique
Hoguera para los violadores identificados y a los que no están en el banquillo
Hoguera para los profesionales de la salud que nunca detectaron nada, que no abrazaron a Gisele
Hoguera para las miles o cientos e miles de personas que durante 10 años leyeron el ofrecimiento de violación en el chat de citas y nunca denunciaron nada naturalizando la violencia y la cosificación.









