Por Camila Villafañe.
Eva Duarte de Perón, de 33 años, entró en coma el 26 de julio de 1952 en horas de la mañana y su deceso se produjo a las 20.25 de ese día.
Se cumplen 70 años del fallecimiento de la mujer más importante de la historia argentina.
De ella se dijo y se dice mucho. ¿Hay cosas nuevas por decir? Lo que es seguro es que siempre hay conceptos que reforzar, ideas que defender. Evita perdura en el debate cotidiano.
Por ejemplo su condición de feminista es aún puesta en discusión.
En ese sentido es como siempre acertada la aclaración de Carolina Barry, docente de la Maestría Análisis Político de la Untref que afirma que su figura «no puede ser juzgada con los cánones actuales del feminismo» y recomienda «situar a Eva en su justo tiempo, entre los `40 y los muy tempranos `50».
Es que las expresiones feministas de mediados de siglo pasado estaban concentradas en los sectores más instruidos de la clase media y alta. Las mujeres de los suburbios, de los sectores rurales, las obreras, lejos estaban de imaginar siquiera en la necesidad de luchar por sus derechos.
Eva Duarte puso patas para arriba la concepción sobre el rol de la mujer en la sociedad.
Laura Ehrlich, doctora en Historia e investigadora del Conicet ubica el punto de partida de su empoderamiento político cuando Evita «desafió el rol decorativo asignado a la primera dama» y se erigió como «figura imprescindible, junto a Juan Perón, del poder gubernamental».
Su condición de artista tal vez la dotó de una sensibilidad especial y su pobreza original la fortaleció.
Rebelde con causa, sensible, pasional, leal, brava. Todavía veinteañera se hizo valer en las grandes decisiones nacionales y fue inspiración para muchas mujeres.
No deja de llamar la atención que en solo seis años de actividad política (y los últimos dos debilitada al extremo por el cáncer), sin haber ocupado oficialmente ningún cargo público, haya dejado una huella marcada a fuego en la historia argentina.

Julia Rosemberg, historiadora y docente por la Universidad de Buenos Aires, asegura que “la figura de Eva Perón abre el desafío de pensar el feminismo no como una corriente ajena a la política en términos tradicionales, sino como algo enlazado con otras tradiciones. En el libro La razón de mi vida llega a decir: ‘De nada nos valdría un movimiento femenino organizado en un mundo sin justicia social. Sería como un gran movimiento obrero en un mundo sin trabajo. ¡No serviría para nada!”.
En ese icónico libro también plantea la posibilidad de que lo que hoy llamamos “tareas de cuidado” sea remunerado a través de un salario mínimo. Y era habitual que frente a mujeres trabajadoras Eva se preguntara: “¿Por qué, si rendimos igual, nos han de pagar menos?”.
Para Carolina Barry «Eva cumplió una de las metas más importantes de la agenda feminista de esa época: la consecución de los derechos políticos de la mujer. Y si bien no fue la principal luchadora del voto femenino -porque esa pelea se había iniciado a fines del siglo XIX-, ella realiza el último acto que consagra la ley de voto».
Para las mujeres no fue solamente la posibilidad de votar, también fue la oportunidad de ser elegidas.
Tras las elecciones de 1951, la conformación de las Cámaras de Diputados y Senadores de la Nación y de las distintas legislaturas provinciales contó con el protagonismo de más de 100 legisladoras. Todas peronistas, porque el otro partido con representación parlamentaria, la Unión Cívica Radical, decidió no incorporar mujeres en sus listas.
“Por primera vez hombres y mujeres discutirían y decidirían sobre la cosa pública de igual a igual” subraya Rosemberg y destaca que “la cifra del 30% de composición de mujeres en el Congreso recién volvería a repetirse más de cuarenta años después, a fines de la década de los 90 y gracias a la Ley de Cupo Femenino de 1991, que obligaba a los partidos a presentar 30% de mujeres en sus listas. Durante el primer peronismo se llegó a ese número sin necesidad de ley alguna, sólo por el empuje y la voracidad que Eva y el Partido Peronista Femenino le dieron al ingreso de las mujeres en la política”
En ese sentido Ehrilch afirma que Eva Perón «transformó para siempre los límites de la acción política femenina en Argentina».
Esa transformación revolucionaria se intentó contrarrestar de todas las maneras imaginables y no.
En principio no es casual, como bien dice Rosemberg, que “la experiencia de las mujeres durante el primer peronismo haya quedado invisibilizada de la narrativa histórica”, concluyendo que “sólo así pudo crearse una imagen conservadora y patriarcal de Eva Perón” y en esa línea Carolina Barry sostiene que «la violencia que se ejerció y se ejerce sobre aspectos de la vida de Eva, poniendo en duda sus virtudes morales, tiene que ver con la violencia que se dirige hacia ‘la mujer’ que hace política».
Pero, 70 años después de su muerte, con enemigos y detractores poderosos y renovados, el vínculo entre Evita y la militancia popular no se debilita.
Así fue siempre desde su muerte tan temprana como negada. “Evita Vive” fue la consigna constante, y esa Evita revivida por la militancia le permitió ser la “Evita Montonera” en los 70 y la Evita del siglo XXI que encabeza las marchas del “Ni una Menos”, y que con pañuelo verde en su muñera reclamó por la despenalización del aborto.
«Basta con acercarse a cualquier marcha de mujeres para ver cómo Eva es un ícono de la lucha en el presente; su capacidad transgresora hizo que fuera tomada así y que se encauzara su figura en una historia feminista de larga data», reflexiona Romina Martínez, del Instituto de Investigaciones Históricas Eva Perón.
Por su parte, Paula Lanza, lesbiana militante de Putos Peronistas, afirma: «Lo que hizo Eva es reivindicatorio porque atravesó todos los obstáculos para ser quien es, para luchar por un sueño, y en eso nos identificamos. Y además, la cuestión estética, porque como un cisne se fue transformando cada vez más en esencia pura, en amor puro, hasta consumirse por los desposeídos. Y nosotros somos parte de ese pueblo desposeído, marginado, ¿quién mejor que ella nos puede representar?».
Eva Perón es la bruja que hechizó con su rebeldía a los humildes, a los pobres, a los homosexuales, a los bohemios, a los enfermos y sobre todo a las mujeres que vieron como esa piba las reivindicó en medio de adversidades, postergaciones e injusticias y las impulsó a soñar un destino mejor para ellas, para sus hijes y para la Patria.







