Que los jóvenes están desinteresados, que migran a otros países, que la desesperanza y la falta de expectativa los deprime. Muchas son las realidades de los jóvenes en nuestro país y ELA (Equipo Latinoamericano de Justicia y Género) junto a LEDA realizó una investigación buceando en la experiencia de 15 jóvenes militantes volcando sus conclusiones en el informe Seguir militando: feminismos y política en tiempos adversos. Este documento se puede descargar en su página web y presenta algunas conclusiones muy interesantes

En principio las entrevistas realizadas a 15 jóvenes de entre 17 y 27 años con participación o militancia en política ya sea a nivel barrial, partidaria, en ONG, sindicatos, organizaciones ambientalistas o de derechos humanos no están despolitizados. O sea han pasado por distintas experiencias y procesos pero creen aún que la política sigue siendo una herramienta y, en ese ámbito creen que el feminismo es un ámbito desde donde se pueden cambiar escenarios.
En la investigación estuvo muy presente tanto en las preguntas como en las respuestas la realidad actual del país, y de la región del crecimiento de las adhesiones sociales a la derecha y su poder en los gobiernos.

También incluyó preguntas sobre cómo la pandemia fue un punto de inflexión en sus vidas y cuáles fueron los efectos que trajo en sus cuerpos y en su psiquis este hecho global
En este sentido un testimonio de una militante territorial indígena expresa: “Después de la Pandemia, de repente fue un adormecimiento total. Mucha gente pasándola muy mal a nivel personal. Todos estos mecanismos del capitalismo han ido avasallando a las personas y al mismo tiempo hoy en día siento que lo primordial como discurso es “primero tengo que estar bien yo para poder salir a luchar por todos”.

Dentro del informe un apartado especial bucea la idea de el malestar de la democracia y en el informe se asegura: Entre las mujeres jóvenes entrevistadas, este malestar se nutre de experiencias de desrealización de derechos asociados en general a impedimentos materiales que impactan en la creencia y legitimidad de la democracia poniéndola bajo cuestión. Entre esos derechos no garantizados figuran la vivienda, el trabajo digno, el acceso y permanencia a la educación superior.
En este sentido una militante sindical afirmó:
“Es una preocupación grande y que ocupa mucho tiempo en la cabeza de uno y genera todas estas ansiedades y esta comparación y preocupación y demás […]. Ǫuizás por eso también somos la generación que va a terapia o le da mucha bola a la salud mental”

El estudio también sintetiza que: Para muchas de las entrevistadas, hay una gran ausencia de referentes políticos que encaucen esa ilusión de progreso. Como consecuencia, se generan sentimientos de desorientación y desconfianza, que derivan en el descreimiento en la política o despolitización.
Un capítulo siempre presente es el machismo, que, ¿por qué no? también está presente en la militancia y en los espacios donde se disputa poder. En este sentido el informe aclara que: A este conjunto de malestares estructurales —económicos, institucionales, afectivos— se suma una dimensión persistente que afecta de manera específica a las mujeres jóvenes: la reproducción de prácticas machistas dentro de los espacios de militancia. Lejos de ser un problema externo o ajeno, esta desigualdad de género se manifiesta dentro de las organizaciones políticas y sociales, muchas veces invisibilizada o naturalizada, dificultando aún más la participación genuina y el reconocimiento

Según estudios realizados por ELA 8 de cada 10 mujeres en política reconoce haber vivido situaciones de violencia a lo largo de sus militanccias y carreras políticas
Estas formas de violencia relatadas por las entrevistadas provienen tanto de personas externas a sus organizaciones o partidos como del interior de los mismos espacios, es decir, por parte de compañeros de militancia
Sin embargo a pesar de estos obstáculos que se presentan el informe asegura que: Las entrevistadas no se quedaron únicamente en el diagnóstico de obstáculos: frente a esas limitaciones, desplegaron sentidos, prácticas y aprendizajes que muestran otros modos de hacer política. A pesar de la clara crítica presente en la mayoría de los relatos, la decepción no queda en un sentimiento pasivo. Se expresa en una demanda activa de mejores candidatos y candidatas, de una verdadera renovación que incorpore perfiles jóvenes y sus propuestas, así como en la actitud de muchas de formarse académicamente y sostener una mirada crítica.

El feminismo como grupo político que mayor confianza imprime a las militantes
Mucho se ha dicho respecto de que el feminismo es el movimiento político más grande de este siglo y hay quienes aseguran que los cambios vendrán de este colectivo amplio, horizontal y heterogéno el informe también bucea en la participación de las mujeres en los colectivos feministas y el testimonio de una militante estudiantil lo describe.
“Ser parte de esa ola feminista, de ir al Congreso y a las grandes movilizaciones. Desde una edad muy temprana participar y que después se concrete con la legalización del aborto era una sensación de “bueno, todo esto que hicimos, que no se reduce solo al 2018 sino que es una lucha histórica de muchísimos años pero que se vió condensado en esos años, tuvo su resultado en la legalización del aborto y fue muy flashero”.
En este sentido el informe concluye que si bien se caracteriza a esta generación atravesada por la ansiedad, por una sensación generalizada de aceleración y por un deseo contradictorio de no saber exactamente qué se quiere, pero quererlo de inmediato. Frente a este escenario, el feminismo supo ofrecer un cauce a esa ansiedad, dotándola de sentido, dirección y propósito. Porque, cuando está bien canalizada, la ansiedad puede convertirse en un motor de cambio poderoso

Las jóvenes entrevistadas también demostraron con sus palabras y sus deseos que quieren construir un futuro distinto que a pesar del contexto desalentador, sobre todo por el hecho de ser mujeres siguen encontrando motivos para militar. En este sentido el informe asegura:
Las jóvenes buscan mostrar con hechos que existen otras formas de hacer política: horizontal, comunitaria, centrada en cuidados. Al abrir espacios fuera del círculo familiar inmediato en sus universidades, organizaciones de pasiones alegres y aprendizajes políticos base, o en redes de jóvenes siguen apostando a romper el prejuicio, recuperando la memoria de luchas pasadas para entender el presente y proyectar el futuro. Los espacios de militancia son pensados como lugares donde es posible hacerse preguntas, problematizar y cuestionar ciertas situaciones y construir herramientas que ayuden a comprender por qué las cosas suceden o no suceden en determinadas coyunturas.

Por último las reflexiones finales de la investigación aseguran:
A lo largo de la investigación se indago sobre la disposición de las jóvenes a involucrarse en procesos de participación colectiva, reparando en los desafíos que se les presentan y sus propuestas de cambio político. Escuchar a estas militantes nos permitió mirar más allá del diagnóstico de apatía que suele atribuirse a las juventudes. Sus relatos muestran que, incluso en un contexto adverso, la política no desaparece: se transforma.
En un escenario político hostil, marcado por discursos de odio, precariedad material y crecientes amenazas al funcionamiento de las instituciones democráticas, estas jóvenes no idealizan la política. Pero tampoco la abandonan. En lugar de grandes relatos de emancipación, emergen prácticas cotidianas de militancia, sostenidas por vínculos, afectos y una ética del cuidado aprendida por la mayoría en su acercamiento a los discursos feministas. En cuentran en lo colectivo una razón para sostenerse y resistir. No se trata de una militancia ingenua, sino de una apuesta por otras formas de hacer política. Una política más consciente de las necesidades estructurales que las afectan a ellas y a sus coetáneos.
Escucharlas no solo es necesario para entender el presente; es imprescindible para proyectar futuros posibles. Porque si incluso en el desencanto persiste el deseo de construir, si incluso en la decepción hay lugar para el encuentro, entonces hay futuro. No el prometido por las grandes promesas vacías, sino uno tejido desde abajo, con los hilos de la escucha, la organización y la voluntad de no resignarse
El documento fue realizado por Micaela Cuesta y Ramiro Parodi del Laboratorio de Estudios sobre Democracia y Autoritarismos (LEDA) y Ximena Cardoso Ramirez del Equipo Latinoamericano de Justicia y Género (ELA), y contó con la revisión y aportes de Agustina Rossi y Delfina Schenone Sienra.










