Este libro editado en el 2021 fue un boom y recibió premios importantísimos como el José Donoso de Letras, el Nuevo León Alfonso Reyes y Xavier Villaurrutia -todos estos el mismo año de la publicación del libro-, el premio Mazatlan de Literatura y Rodolfo Walsh en el año 2022 para coronarse con el Pullitzer en el año 2024, en la categoría de Memorias u Autobiografía. Es precisamente, en la categoría de este premio, donde está un poco la escencia de este libro, que es el más íntimo de la autora y trata un tema trágico familiar.
¿Quién es la Liliana de la que habla en el título? Liliana es su hermana, que fue víctima de femicidio en el año 1990 con apenas 20 años. Cuando Cristina publica la historia muchos de sus propios allegados se enteraron de la existencia de Liliana. La propia Cristina aseguró: «Durante años no pude pronunciar su nombre»
La autora mexicana aseguró que fue el auge de los feminismos en América Latina lo que la llevaron a abrir las cajas de posesiones de su hermana, que estaban intactas desde su muerte y eso, junto a entrevistas a sus conocidos y amigos, y largos recorridos por la facultad de Arquitectura donde estudió Liliana sumado a búsquedas, bastantes infructuosas en el Poder Judicial mexicano le sirvieron de base para este libro de 300 hojas.
En ellas cuenta la historia de Liliana, el acoso de su feminicida, el duelo de su familia y amigos y habla de todo lo que podría haber sido su hermana, si la violencia machista no hubiera terminado con ella.
Cristina es novelista, ensayista profesora en Texas, tiene muchísimos otros libros escritos, pero éste tiene la particularidad de que fue usado por ella para darle voz a las miles de mujeres que mueren en México víctimas de la violencia de género. De hecho, en la página 16 ella dispara el dato: En México se cometen 10 femicidios por día
Al comienzo de las entrevistas al publicarse “El invencible verano de Liliana” Cristina aseguraba:
«La pena se convirtió en un silenciamiento forzado, y en algo muy privado que a menudo está vinculado con sentimientos de culpabilidad y vergüenza, porque así es como la sociedad muestra estas historias»
Rivera Garza construye milimétricamente la historia, el trabajo que hace es exhaustivo y seguramente también fue devastador para ella. Al leerlo uno siente el dolor que le debe haber provocado volver 30 años atrás.
Liliana durante mucho tiempo había intentado terminar la relación con su novio de la secundaria pero él seguía y seguía acosándola. La investigación por su muerte también es una de las tantas de México, donde todo sabe a poco y a injussticia. Su asesino Angel González Ramos logró huír y nunca fue encontrado por lo cual jamás hubo siquiera un juicio.
El caso de Liliana se convirtió en uno más de la larga lista de feminicidios no resueltos en México.
Un retazo del libro dice:
“El sistema a cargo de culpar a la víctima además empieza a funcionar cuando las cosas todavia están frescas y, luego no se detiene de ninguna manera a lo largo de los años. Es una maquinaria metódica y aplastante. Está ahí funcionando a la perfección entre los que susurran si no la hubiera dejado ir a la ciudad de México, si no hubiera tenido novio de tan chica, si hubiera sabido elegir mejor, si hubiera esperado hasta el matrimonio para tener relaciones sexuales , si hubiera tomado una mejor decisión , si no se hubiera equivocado. Y está ahí también después, sin importar el número de años, entre los que apuntan que los padres pasaban mucho tiempo fuera de la casa, la madre trabajaba, el padre no le daba suficiente dinero, los novios la asediaban, las mujeres la querían.
Está en las miradas turbias y las sonrisas fingidas. En la conmiseración. En los que se sienten a salvo y elaboran esa línea moral que divide el nosotros de el de ustedes. Está en la exigencia imperiosa, ineludible, apabullante de que se culpe a la víctima y de que te inculpes con ella.
Está en la exigencia imperiosa ineludible, apabullante, de exonerar al asesino a toda costa.
Uno no aprende a callar; uno es forzado a callarse.
A uno le callan la boca”
Este libro es una herramienta más para combatir el patriarcado y su forma de violencia más extrema: el femicidio. Cristina aseguró en una entrevista “Sé que contar estas historias es un asunto de vida o muerte en muchos lugares del mundo. Porque lo único que puede transformar el duelo es la justicia: ni perdón, ni olvido”
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