En un partido entre Rosario Central y Banfield a los 22 minutos del encuentro, desde una tribuna cayeron muñecas inflables vestidas con la camiseta de Newell’s Old Boys, lo que obligó a detener el juego por unos instantes.
Lo que algunos hinchas consideraron parte del “folclore” del fútbol rosarino generó un fuerte repudio en redes sociales, especialmente por parte de mujeres y organizaciones que denunciaron el hecho como una expresión de violencia simbólica y cosificación.
Las críticas apuntaron a que el uso de objetos que representan cuerpos femeninos para humillar al rival reproduce lógicas de dominación sexual y naturaliza discursos vinculados a la violencia de género.

También se cuestionó el silencio de dirigentes, jugadores y gran parte del ambiente futbolístico, mientras que usuarios en redes exigieron sanciones y un posicionamiento institucional.
Desde lo reglamentario, el club podría enfrentar multas de la Asociación del Fútbol Argentino por el ingreso de objetos al campo de juego y la interrupción del partido.
El episodio volvió a abrir el debate sobre los límites del “folclore” en el fútbol y la necesidad de erradicar prácticas que reproducen violencias.
El hecho que no es ni más ni menos que parte de la cultura de la violación y el abuso demuestra lo hartas que estamos las mujeres ante la realidad que nos rodea.
Con un presidente que humilla y señala con el dedo a las mujeres y niega todo tipo de violencia, estos hechos encuentran el campo propicio para multiplicarse y naturalizarse, como las mujeres que son muertas cada 36 horas en nuestro país.










