Como si el pueblo fuera analfabeto y nadie leyera o se interesara por la firma de los acuerdos el gobierno del entreguista Javier Milei acaba de presentar a toda orquesta un acuerdo que sólo beneficia a la administración de Donald Trump.
La verdad es que los compromisos unilaterales, concesiones estratégicas y beneficios concretos solo favorecen a Estados Unidos.
La reciprocidad a la que hace alusión su título no existe en los hechos. Tan sólo con una primera mirada al documento, se observa que casi todos los párrafos comienzan con las frases “Argentina deberá”, o “eliminará”, o “permitirá”, etc.
El acuerdo va más allá de las cuestiones de comercio y se adentra en temas de garantías de inversión, de rol del Estado, de acceso a la información, lo que en la práctica configura una importante cesión de soberanía argentina hacia una de las principales potencias mundiales, en detrimento de otros socios comerciales como los países del Mercosur y destinos importantes de nuestras exportaciones, como China.
En materia de regulaciones, la Argentina se compromete a dar un “trato no menos favorable” a los productos estadounidenses que el que le otorga a los productos nacionales y a “eliminar las barreras comerciales que impidan una reciprocidad” entre ambos países, incluyendo la supresión de medidas sanitarias y fitosanitarias actuales.
Según la Cancillería, “Estados Unidos eliminará los aranceles recíprocos para 1675 productos argentinos en una amplia gama de sectores productivos, lo que permitirá recuperar exportaciones por 1013 millones de dólares”.
Luego, se informa que la ampliación del ingreso preferencial de carne bovina de Argentina generará en 2026 un ingreso adicional de cerca de U$S 800 millones. Todo esto indica que el cárnico sería el principal (muy cerca de ser el único) sector que obtiene beneficios sustantivos. En este aspecto, habría que pensar en el impacto en el mercado interno de tal beneficio, puesto que esta mayor exportación puede reducir la oferta doméstica de carne.
En cuanto a los servicios, ocurre algo similar. La Argentina “se abstiene de imponer nuevas barreras comerciales que provean un trato menos favorable a los proveedores de servicios estadounidenses que el que reciben los proveedores locales o los de cualquier otro país”.
El documento establece una importante concesión argentina en materia de inversiones.
Se deja en claro que “facilitará la inversiones estadounidenses en su territorio para exploración minera, extractiva, refinación, transporte y distribución de minerales críticos y recursos energéticos, telecomunicaciones, transporte e infraestructura de servicios en términos no menos favorables que los que les otorga a sus propios inversores”.
Un acuerdo como el que se conoció, en definitiva, no hará más que condicionar a los futuros gobiernos a los lineamientos en materia comercial que establezca Estados Unidos, en detrimento de la industria nacional y del comercio argentino con el resto del mundo.
La política propiciada por este acuerdo vuelve al viejo modelo de país que solo exporta materias primas y no desarrolla su industria en ninguna de las áreas.
Los sectores que presentan mejor desempeño en la actualidad son el agro y los sectores relacionados con la minería y los combustibles. Esto implicaría un modelo de destrucción de la industria nacional y de dependencia de los sectores primarios con menor valor agregado, por lo tanto, menos demandantes de empleo y en el caso del agro, especialmente, dependiente de los vaivenes de los precios internacionales y de las vicisitudes de los cambios climáticos, situaciones que llevan a una caída importante de los productos exportados por factores que no pueden controlarse.
En medio de este acuerdo indignó las declaraciones del ministro de Economía, Luis Caputo, que señaló que nunca compró ropa en Argentina porque “era un robo”. La realidad es que la industria textil está pasando por uno de sus peores momentos de la historia con despidos, suspensiones y cierres de plantas. La producción en ese sector se redujo un 31,5% desde la asunción del gobierno libertario, con una pérdida de 18.000 puestos de trabajo en el mismo lapso.
Tampoco tienen en cuenta los ministros que muchos países realizan competencia desleal, al aplicar subsidios y trabajo esclavo (en especial en el sector textil).







