Contra el ajuste y el recorte de derechos las mujeres fueron tsunami

Mujeres de todas las edades llenaron la plaza del Congreso desde horas tempranas. A pesar del clima hostil contra ellas, desplegada por este gobierno -que sumó el mismo 8M la provocación de quitarle el nombre de Salones Mujeres del Bicentenario de la Casa Rosada porque según el vocero presidencial “se estaba discriminando a los varones” por Salón de los próceres- el clima fue de rebeldía, de encuentro, de reclamo y de una postura inclaudicable contra las políticas de una rancia derecha que está enquistada en el poder.

La plaza desbordada por todos sus laterales; las calles cercanas como escenario de cánticos, batucadas y performances se transformaron en las Tita Merello, Lola Mora, Juana Azurduy Aimé Painé y tantas mujeres que desalojaron de un Salón con esa ignorancia típica de los odiadores- y odiadoras, fue orden de Karina Milei- de no entender que ellas viven en la pasión y el alma de todas sus descendientes.

Entre los reclamos el hambre fue el protagonista. “NI UNA SOLA PROPUESTA PARA COMBATIR LA POBREZA. NO HAY LIBERTAD CUANDO NO HAY NADA EN LA MESA” “LEY NACIONAL DE EMERGENCIA Y SOBERANÍA ALIMENTARIA YA” – rezaban los carteles más visibles colgados en el Congreso.

Pero todos los reclamos, incluso las conquistas ya logradas como la ESI o las garantías para el aborto legal aparecieron en carteles que portaban mujeres y niñas y se pegaban en calles y postes.

La brecha de género, las políticas de cuidado, el ajuste a los trabajadores, la educación pública, la violencia de género, la crisis habitacional, los magros salarios, los recortes, los despidos, las privatizaciones, la amenaza de la venta de nuestra tierra,  nuestro aire, nuestra soberanía, la defensa de la salud pública, el fin del trabajo precarizado, y muchas más banderas  fueron levantadas en la plaza. En ella trabajadoras sexuales, estudiantes universitarias y secundarias, maestras, actrices, personas de todos los colectivos sexuales, migrantes, afrodescendientes, aborígenes, el movimiento  villero,  personas con discapacidad, empleadas estatales, periodistas, y autoconvocadas se volvieron, como  habían prometido, tsunami en una movilización -que ni la prohibición oficial de toda comunicación pública sobre el Día Internacional de las Mujeres Trabajadoras, ni el protocolo de Patricia Bullrich y las vallas que impidían acercarse al  Congreso- fue una de las más  multitudinarias de los  últimos años.

Luego de años de encuentros feministas donde siempre había un lugar para el festejo por alguna conquista o derecho conseguido éste fue el primer 8M sin un cable de la Agencia Télam y con un silencio mediático con olor a órdenes y amenazas libertarias. Es motivo suficiente para entender el terror que las derechas nos tienen a las mujeres organizadas, reclamando y defendiendo nuestros derechos, los de nuestras compañeras y los de nuestras familias. El movimiento feminista lo sabe, tienen plena conciencia del protagonismo que le toca en épocas de crisis, amedrentamientos y aprietes. Algo aprendimos de nuestra triste historia de nuestras Madres y Abuelas.

 

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