Un camionero que trabajaba en tareas de cosecha fue víctima de un abuso sexual grupal en una zona rural de Villa Ana, en el departamento General Obligado.
El ataque ocurrió el 24 de enero pasado cuando cinco peones lo interceptaron, lo redujeron con un arma blanca, lo atacaron sexualmente y filmaron el hecho como parte de la agresión.
El ataque ocurrió en un campo ubicado sobre un camino rural, a unos 200 metros de la Ruta Provincial 32. La víctima fue abordada por compañeros de trabajo con los que compartía tareas en el mismo establecimiento.
Según la investigación judicial, el hombre fue amenazado, inmovilizado y sometido a un abuso sexual colectivo mientras los agresores registraban todo en un video.
Tras concretar la agresión, los atacantes le advirtieron que le cortarían los genitales si denunciaba lo ocurrido.
Sin embargo la víctima los denunció y comenzó una investigación que quedó en manos de la fiscal Elisabeth Aguirre, quien encabezó las primeras averiguaciones y ordenó la detención de los cinco acusados identificados por la víctima: Diego Mauri, Diego Bogadín, Jorge Spessot, Enrique Silvero y Mariano Benítez. El video del ataque fue secuestrado y se convirtió en una de las pruebas centrales del expediente.
Durante la investigación, los imputados intentaron minimizar lo ocurrido, argumentando que se trató de “un chiste”.
Esa versión fue descartada de plano por la fiscalía ante la contundencia de las pruebas reunidas, el registro audiovisual del ataque y el relato de la víctima, que describe un hecho violento, planificado y con amenazas explícitas.
La calificación legal es de máxima gravedad: “abuso sexual gravemente ultrajante, doblemente agravado, por el número de personas que intervinieron y por la utilización de arma”. Se trata de una figura penal que contempla penas elevadas por el nivel de violencia, la participación múltiple y el uso de elementos de coerción.
Esta agresión sexual es violencia patriarcal.
La violencia sexual es una herramienta de dominación y humillación hacia la víctima sin importar si es hombre, mujer o si se trata de las infancias, minimizar estos actos de violencia como “broma” no solo protege a los agresores, sino que refuerza el estigma machista que silencia a las víctimas.
La violencia sexual no discrimina por el género de la víctima. Puede pasarle a cualquiera persona.
Debemos apoyar a todas las víctimas, sin excepciones.










