Adriana Varela: “El tango nos cuenta de dónde vinimos”

 

Este viernes vuelve a La Plata, Adriana “la Gata” Varela y la ciudad la recibe, como siempre, con los brazos abiertos. En Las Brujas que Salem hablamos de su próxima presentación en el Teatro Metro, la elección de su repertorio, el feminismo en su vida y el ritual que busca en cada encuentro con el público y que se potencia en estos momentos en que la gente lo está pasando mal.

Ya contaste varias veces que te gusta venir a La Plata. ¿Es por algo puntual de la ciudad o del público?

No. Yo estoy convencida que es algo energético. Siempre tuve buena onda con La Plata, pero lo que pasa es algo que no se puede explicar con palabras, que se siente y creo que al público platense también le pasa lo mismo conmigo.

Empezaste con el rock, te fuiste al tango, que es tu sello, pero no tenés reparos en mezclar géneros, acercarte a la música electrónica, al rock nuevamente…. Sin embargo este repertorio del viernes es bien de los clásicos tangueros ¿no?

Si, la idea es cantar tangos de mi último disco que se llama “Vida Mía” Es cierto que el anterior fue un disco de rock y ahí hice canciones donde están Fito, Charly, Pedro Aznar. Ese se llama “Avellaneda”, porque yo soy de ahí, nací en ese lugar donde, durante 22 años escuché a todos estos rockeros. El disco me lo produjo mi hijo, Rafael y la presentación fue realmente maravillosa.

Pero en este caso me presento con mi power trío Walther Castro en bandoneón, Horacio Avilano en guitarra y un gran músico pianista que además es el director y arreglador, que es muy gracioso porque se llama Marcelo y tiene un apellido que no tiene nada, nada que ver con un ex funcionario, pero es Macri.

Este power trío, como vos les decís te acompañan hace años ¿no?

Si, hace más de 25 años y estoy acostumbrada a tratar con varones, me llevo bárbaro. Yo estuve casada 10 años con el padre de mi hija que era un tenista, que estaba quinto en el ranking argentino y yo viajaba a Roland Garros, a todos lados con varones. Me tuve que acostumbrar porque el me dijo “si vos no venís yo no viajo”, así que estuve un año en Europa.

Y éste explorar distintos géneros de los que estábamos hablando tan presente en tu carrera ¿viene de una necesidad personal de experimentar o de una apertura de que todos los géneros se pueden unir a otros y eso enriquece la música?

En realidad se fue dando. A mí no me cuesta nada. Me convocaron varios famosos. Santaolalla fue a la primera cantante a la que le pidió experimentar para ver qué onda, cómo funcionaba. Acá también vino el más top del mundo alemán con sus voces y me conocía y quiso grabar un tema con mi voz y después muchísimos pibes jóvenes ,y yo acepto, me parece muy copado pertenecer, en ese momento, a otro género, pero con mi voz y con mis formas.

El Teatro Metro será el escenario elegido este viernes por esta excepcional cantante de tangos.

En los últimos años se ha dado un aluvión de mujeres cantantes de tango, muchas de ellas componen y a la hora de elegir el repertorio se han ido posicionando respecto de optar por no cantar algunos tangos que eran violentos o misógenos. ¿Qué te pasa a vos a la hora de elegir los temas?

El tango nos cuenta de dónde venimos. Yo hago un laburo arqueológico de búsqueda, porque me gusta agarrar la linterna y ver lo que está debajo de la alfombra o lo que no está iluminado.

Yo no canto ni de trompadas ni esas cosas, los tangos que yo interpreto tienen absolutamente que ver con si me llegan o no me llegan. No es racional y me doy cuenta que cada vez me voy más atrás en la elección, estoy muy en los años 20 porque son tangos casi inigualables con una identidad tremenda.

Fijáte que el tango, aunque se lo quiera disfrazar, nació orillero, portuario y tumbero, no nació en los salónes chic. Por eso es muy interesante investigarlo y ver sus orígenes, ir atrás a nuestros ancestros que son todos inmigrantes, ahí viviendo en las orillas del Río de La Plata. Venían de Europa, huyendo de las guerras y hay mucho de los italianos de los gallegos, una mixtura de culturas que son parte del nacimiento del tango.

Sí, siempre sostuviste que el tango tiene una temática existencial y de identidad que nadie puede negar, y también te escuché decir que al tango no lo puede prostituir el mercado, que no hay forma de que el mercado pueda con él. ..

Si, por supuesto que el tango es muy argentino. También es uruguayo, eso hay que decirlo, La Cumparsita es uruguaya y en Uruguay se escucha mucho tango y la gente a veces no lo sabe. Ese río que nos separa y nos une de alguna manera con los uruguayos, por eso cuando hablo de tango, hablo siempre de las “orillas”.

Es muy difícil cambiar este sistema en el que vivimos, que no era el mismo de antes. Hoy el mercantilismo es lo que se vende, después se tira, pero el tango por peso propio no será masivo como lo es el reggaeton, pero es popular y sé que trascenderá como un clásico, como los Beatles.

«El tango nos cuenta de dónde venimos. Yo hago un laburo arqueológico de búsqueda, porque me gusta agarrar la linterna y ver lo que está debajo de la alfombra o lo que no está iluminado»

¿Y cómo fue transitar este camino tuyo como mujer, en un género-,que no se puede negar que es machista y misógeno?

(risas) No!!!!! El mundo rockero es mucho más misógeno.

Los tangueros siempre estuvieron más allá del bien y del mal. El ejemplo más claro es el del Polaco Goyeneche, nuestro ídolo rockero, porque para los famosos rockeros es como nuestro Joe Cocker. El cuando decide retirarse me elige como ahijada, me pasa la posta a mí, ¡una mina!

«el tango, aunque se lo quiera disfrazar, nació orillero, portuario y tumbero, no nació en los salónes chic»

 

Por supuesto que el tango es edípico, como todo, como el rock también y para los edípicos, o sea, para los hombres en general,: “¡Como la mama no hay! ¿hai capito?”

Hoy los varones se esmeran, yo tengo un hijo varón, que no es misógeno, y que hace todo lo posible por aprender esta nueva forma de tratar a las minas. Lo que tiene el tango es que no la caretea y no deja de ser una interpretación histórica del hombre frente a situaciones como el abandono de una mujer: o la odia, o la extraña o la trata mal, o la trata hermosamente.

Pero lo que sí tiene el tango es que siempre fue poesía. Todos te lo dicen cuando cantás afuera, los que lo escuchan y también los otros artistas. yo canté con El Cigala y yo le decía. “Qué divino el flamenco” y él me contestaba que el tango era lo más porque que era poesía pura. Y es verdad, es poesía muy elaborada, Homero Expósito compuso Maquillaje a los 14 años y todos los compositores de esa época, tenían 16, 17, 20 a lo sumo y componían como la hostia.

La ahijada de Pablo Goyeneche y su sucesora no teme explorar otros géneros.

Y en tu vida personal esto que ahora las mujeres identificamos como “el patriarcado” ¿Cómo te afectó, te dabas cuenta, naturalizabas situaciones que después repensaste? ¿Cómo se fue metiendo el feminismo en tu vida?

Yo soy una feminista de acción. Yo decido separarme con mis hijos chiquitos y me quedé sin nada, en ese momento me acuerdo que trabajaba como fonoudióloga.

Mi trayectoria fue muy inconsciente de lo femenino. Yo no decía ahora voy a ser feminista y por eso voy a hacer esto o lo otro, no me daba cuenta de nada.

Cuando me separé me fui a vivir a casas de amigas, a veces salía y no sabía a dónde iba a llegar. Todo fue muy sinuoso, pero de cualquier manera se aprende muchísimo en esos caminos y siempre estuvieron esas redes de mujeres, ahí a fines de los 80, siempre al pie del cañón.  Lacan decía que cuando a uno no la ve el objeto que quiere que la vea – en este caso el hombre- uno siente que se atomiza, que desaparece. Pero cuando te cae la ficha de que no es así-como me pasó a mí- arrancás para donde sea y metafóricamente “se agrandan tus ovarios” y eso es un acto feminista muy fuerte, darte cuenta que no es la mirada del hombre la que te define.

Sí, tampoco fue menor que a nuestra generación todavía nos educaron para que así sea…

Si, claro, nosotras teníamos algunas canastitas en la cabeza, una con el romance con el varón, el casamiento, los hijos, otra con la amistad y unas cuantas otras y los varones tienen menos canastitas: tienen una para las minas, otra para el fútbol y otra para la guita y el poder (risas)

es un acto feminista muy fuerte, darte cuenta que no es la mirada del hombre la que te define.

Desde la pandemia y sobre todo este último tiempo de tanta crisis, hay una necesidad muy fuerte de la gente de consumir arte y de los artistas de retroalimentarse con su público. ¿Sentís que eso se está potenciando desde hace un tiempo?

Totalmente. Desde que empezamos a pasarla muy mal y a temer muchas cosas yo invito a estar conscientes y seguir teniendo memoria. En el escenario afirmo que nos hace faltan ritos, y el rito entre el cantor y el público es un rito muy poderoso.

En este tiempo siento, más que nunca que necesito ser simétrica al público. Obvio me toca estar en un escenario, pero desde que comienzo, desde que pido luz de sala, me comunico directamente con el público, sino siento que estoy ensayando. Yo elegí esta profesión precisamente por me siento honrada de ese código que podemos compartir.

 

«el rito entre el cantor y el público es un rito muy poderoso»

No te la voy a caretear, el público siempre fue muy explosivo conmigo, pero ahora es el triple. De golpe me da por cantar la Marcha de la Bronca que la cantaba a los 14 o a los 15, y todos se ponen a cantarla a viva voz conmigo. El público se para todo el tiempo, me aplauden, es muy gratificante realmente y me hace muy bien porque son momentos en donde sentís, de alguna manera,  que podés sublimar la angustia de lo que está pasando.

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